ENRIC PALOMAR
(Badalona 1964)

Tres amores oscuros

Obra encargo – (2021) – 47'
Textos de Federico García Lorca (1898-1936)

I. Canto primo. Bodas de Sangre. Escena final
II. Canto secondo. Yerma. Nocturno
III. Canto terzo. Thamar y Amnón

Marco Mezquida, piano
Carles Marigó, piano
Lidia Vinyes-Curtis, mezzosoprano
Pere Martínez, cante


PAUSA 20'


SERGUÉI PROKÓFIEV
(Sontzovka, actualmente Ucrania 1891 – Moscú 1953)

Cenicienta

Selección del ballet – (1946) – 43'

Introducción · El danza del chal · Cenicienta · Los nuevos vestidos de las hermanas · Hada de primavera · Hada de otoño · La salida interrumpida ·
El reloj · La salida hacia el baile de Cenicienta · La llegada al baile de Cenicienta · El gran vals · La danza del príncipe · Dueto de las hermanas con las naranjas ·
Coda del vals · Medianoche · El primer galope del príncipe · Tentación · El príncipe encuentra a Cenicienta · Amoroso

 

ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA Y NACIONAL DE CATALUÑA
JOSEP CABALLÉ, DIRECCIÓN
MARCO MEZQUIDA, PIANO
CARLOS MARIGÓ, PIANO
LIDIA VINYES-CURTIS, MEZZOSOPRANO
PERE MARTÍNEZ, CANTE

 

PRIMEROS VIOLINES  Giulia Brinckmeier*, concertino invitada / Jaha Lee, concertino asociada / Raúl García, asistente de concertino / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Ana Galán / Katia Novell / Pilar Pérez / Anca Ratiu / Andrea Duca* / Edward McCullagh* / Ariana Oroño* / Yulia Tsuranova*  SEGUNDOS VIOLINES Alexandra Presaizen, solista / Nina Heidenreich*, asistente invitada / Jana Brauninger / Claudia Farrés / Mireia Llorens / Melita Murgea / Josep Maria Plana / Robert Tomàs / Paula Banciu* / Cristian Benito * / José Eduardo Canto* / Elitsa Yancheva*  VIOLAS Aine Suzuki, solista / Benjamin Beck*, solista invitado / David Derrico / Christine de Lacoste / Sophie Lasnet / Michel Millet / Jennifer Stahl / Irene Argüello* / Javier López* / Johan Rondón*  VIOLONCHELOS José Mor, solista / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Jean Baptiste Texier / Carolina Bartumeu* / Jordi Claret* / Jonathan Cottle* CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Dmitri Symshlyaev, asistente / Jonathan Camps / Apóstol Kosev / Matthew Nelson / Albert Prat  FLAUTAS Christian Farroni, asistente / Beatriz Cambrils / Ricardo Borrull, flautín  OBOES Disa English, solista / José Juan Pardo / Molly Judson, corno inglés  CLARINETES Josep Fuster, asistente / Francisco Navarro / Alfons Reverté, clarinete bajo  FAGOTS Thomas Greaves, asistente / Noé Cantú / Slawomir Krysmalski, contrafagot  TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Juan Aragón / Juan Conrado García / David Bonet / Alma María García*  TROMPETAS Angel Serrano, asistente / Adrián Moscardón / Andreu Moros*  TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Antoni Duran* / Gaspar Montesinos, asistente / Miquel Sàez*, trombón bajo TUBA Daniel Martínez *  TIMBALAS Gratiniano Murcia*, solista invitado  PERCUSIÓN Ignasi Vila / Jordi Cid* / Miguel Angel Forner* / Miguel Angel Martínez* / Roberto Oliveira* / Diego Sáenz*  ARPA Magdalena Barrera, solista PIANO Jordi Torrent*

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger  
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignacio Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández *

* Colaborador

COMENTARIO

por Josep Barcons

Amores sin cuento de hadas

Enric Palomar ha dedicado un año y medio a escribir este gran tríptico sinfónico basado en tres poemas de Federico García Lorca que cantan la fuerza irresistible de unos amores que se llevan por delante los convencionalismos, el orden social e, incluso, la vida. Palomar confiesa que le costó entrar en la obra por el hecho de disponer de dos pianos solistas que, no obstante, no quería que tuvieran una dimensión concertante. Pero explica que salió de este callejón sin salida adjudicándoles “un rol estrechamente vinculado a las voces del cantaor y la cantaora sin relegarlos a un acompañamiento liederístico ni abandonarlos al lucimiento virtuosístico”. Y es que un tal brillo habría ido en detrimento del carácter dramático y fatalista (que no pesimista) de la obra.

Como es habitual en este compositor badalonés instalado en Berlín desde hace ocho años, su música rezuma giros hispánicos y bebe del imaginario lorquiano. Pero la influencia centroeuropea está cada vez más presente en la envoltura de su discurso, de manera que el perfume impresionista de las primeras obras se ha ido esencializando, y la estirpe ibérica ha quedado anclada prácticamente en la concepción rítmica y en ciertos modismos melódicos.

En este sentido, la partitura empieza precisamente con una bulería, de la cual salimos con un gesto teatral de castañuelas (herencia de Manuel de Falla), en un esquema que se reproducirá en los dos movimientos restantes. Un cambio de carácter nos sitúa en el paisaje de Bodas de sangre, de donde emerge el diálogo entre la Novia y Leonardo, emboscados antes de que —por ella— el Novio y Leonardo acaben perdiendo la vida. La fuerza de la pasión a la que los dos amantes no se pueden resistir se plasma en varios procedimientos en espejo que llegan al clímax cuando las dos voces se entrecruzan llenas de lirismo justo antes de que la pandereta anuncie el desenlace fatal.

La introducción del segundo movimiento es de una violencia férrea, que marca los primeros compases de este —según Palomar— “nocturno orgiástico de carácter alucinógeno”. Efectivamente, en este fragmento de Yerma encontramos las fuerzas desnudas del Macho y la Hembra en una escena con talante de aquelarre que Palomar vincula a las pinturas negras de Francisco de Goya. A pesar de la omnipresencia de los staccati, del papel endemoniadamente difícil de los pianos y de los ritmos trepidantes, este segundo poema se convierte en un lienzo de calma y estancamiento que cumpliría el papel de un adagio clásico.

El tercer movimiento nos acerca a una violación incestuosa de origen bíblico, que Lorca reformula con algunas de las imágenes más sensuales y erotizantes de su poemario. Después de 10 minutos con unas cuerdas cada vez más disgregadas, en el momento extremo de la narración, las voces de Amnón y su hermana Tamar (a veces invertidas) se entrelazan en cámara lenta, enredándose sobre una cama aleatoria confiada al clarinete bajo, la flauta baja, el arpa y los pianos. La orquesta en fortissimo irrumpe varias veces en escena con sonoridades penetrantes y ásperas, de las cuales se sale con una intervención bellísima del cuerno inglés sobre un esclarecimiento de la armonía. A partir de este momento, asistimos a una gran coda no tan solo del movimiento, sino de toda la obra, en la que Palomar parece “rendirse al fatalismo de las fuerzas telúricas” que —como en la tragedia clásica (y Lorca la conocía bien)— descuidan la voluntad de quien las vive para afrontarlo.

Si la obra de Palomar se basa en tres poemas de amor intensos y oscuros, no se queda atrás el amor de Serguéi Prokófiev y Carolina Codina. Y es que contrariamente a lo que le pasa a la Cenicienta de la suite que escucharemos hoy, cuya narración conocemos tan bien que no vale la pena volver a explicarla, la historia de Lina y Serguéi discurre por un camino diametralmente opuesto al del cuento de hadas. Efectivamente, la Realpolitik del régimen comunista ruso fue de un realismo (soviético) mucho más crudo que el de las madrastras y las hermanastras que se afanan por impedir los finales felices.

Sin embargo, como con los cuentos, empezamos por el comienzo... La encantadora Lina, nacida accidentalmente en Madrid y crecida en Nueva York, era hija del tenor barcelonés Joan Codina y de la aristócrata y soprano rusa Olga Nemisskaia; con ellos viajó por el mundo a remolque de sus compromisos artísticos, lo cual le proporcionó una formación cultural de primer orden. El 10 de diciembre de 1918, con 21 años, acudió al Carnegie Hall de Nueva York para escuchar a Prokófiev, de 27 años, que hacía poco que había salido de Rusia y que maravillaba al mundo con su talento. La relación no se hizo esperar, y Lina se convirtió en el motor creativo de Serguéi, al mismo tiempo que sus dotes brillaban en la vanguardia cultural del París de los años veinte.

En el año 1936, a pesar de la vida acomodada de la pareja, ya con dos hijos, y de las advertencias de amigos y conocidas, la añoranza de Prokófiev por su tierra y los cantos de sirena de Stalin hicieron que la familia se trasladara a la URSS. Sus condiciones de vida cambiaron radicalmente en poco tiempo, y se agravaron cuando el régimen empezó a tildar la música de Prokófiev de formalista y contrarrevolucionaria, lo cual se atribuía en parte a la influencia de su esposa occidental.

El ballet Cinderella (Cenicienta), empezado en 1940 y estrenado en 1945, fue una de las últimas piezas empezadas al lado de Lina, ya que en 1941 Prokófiev fue a vivir con Mira Mendelssohn, una joven escritora afín al Partido Comunista que las malas lenguas dicen que alguien hizo aparecer para romper a la pareja. Las segundas nupcias de Prokófiev facilitaron las torturas y la condena de Lina, que se alargaron de 1948 a 1956. En la dureza gélida del gulag, Lina se enteró tarde de la muerte de Prokófiev, ocurrida el 5 de marzo de 1953 y que pasó desapercibida al coincidir con la de Stalin. Pero el hielo del polo norte no congeló su corazón. Después de haber conseguido huir de Rusia en 1974 y hasta su muerte en 1989 a los 91 años, Lina construyó una fundación para promover la música de su marido. Una música agridulce con melodías increíbles que se cuelan en armonías inquietantes, pero en la que —como en el final de la suite de hoy y como en la vida de Lina— acaba triunfando el amor.

 
LETRAS

ENRIC PALOMAR
Tres amores oscuros (2021, Obra encargo)
Textos de Federico García Lorca

 

CANTO PRIMO
Bodas de sangre. Escena final (LEONARDO-NOVIA)

Novia  
¡Ay, qué lamento, qué fuego
¡me sube por la cabeza!
Que, si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.

Leonardo
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y pongo un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Y cuando te vino de lejos
me eché en los ojos arena.

Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.

Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.

Novia
(¡Ay, ¡qué sin razón!) No
quiero contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.

Leonardo
Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el hilo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente
ni el veneno que nos echa.

Novia
(
Y yo dormiré en tus pies
para guardar lo que sueñas).

Leonardo
Se abrasa lumbre con lumbre.
La misma llama pequeña
mata dos espigas juntas.

Novia
Es justo que yo aquí muera,
con los pies dentro del agua
y espinas en la cabeza.
Y que me lloran las hojas
mujer perdida y doncella.

 

CANTO SECONDO
Yerma Nocturno (HEMBRA – MACHO)

He m b r a
En el río de la sierra
la esposa triste se bañaba.
Por el cuerpo le subían
los caracoles del agua.

La arena de las orillas
y el aire de la mañana
le daban fuego a su risa
y temblor a sus espaldas.

¡Ay qué desnuda estaba
la doncella en el agua!

Cuando llegue la noche lo diré,
cuando llegue la noche clara.
Cuando llegue la noche de la romería
rasgaré los volantes de mi enagua.

Ma c h o
¡Ay, qué blanca
la triste casada!
¡Ay, cómo se queja entre las ramas!
Amapola y clavel serás después,
cuando el macho despliegue su capa.

Si tú vienes a la romería
a pedir que tú vientre se abra,
no te pones un velo de luto,
sino dulce camisa de
Holanda.

Vete sola tras los muros,
donde están las higueras cerradas,
y soporta mí cuerpo de tierra
hasta el blanco gemido del amanecer.

¡Ay, cómo luzca!
¡Ay, cómo relumbra,
¡Ay, cómo se cimbrea la casada!

He m b r a
¡Ay que el amor le pon
coronas y guirnaldas,
y dardos de oro vivo
en sus pechos se clava!

Ma c h o
Siete veces gemia,
nueve se levantaba.
Quince veces juntaron
jazminas con naranjas.

Que se queme la danza
y el cuerpo reluciente
de la limpia (linda) casada.

Los d o s :
El cielo tiene jardines
cono rosales de alegría:
entre rocío y rocío,
la rosa de maravilla.

 

CANTO TERZO
Thamar y Amnón

La luna gira en el cielo
sobre las tierras sin agua
mientras el verano siembra
rumores de tigre y llama.
Por encima de los techos
nervios de metal sonaban.
Aire rizado venía
con los balidos de lana.
La sierra se ofrece llena
heridas cicatrizadas,
o estremecida de agudos
cauterios de luces blancas.

Thamar estaba soñando
pájaros en su garganta
al son de panderos fríos
y cítaras alunadas.
Su desnudo en el alero,
agudo norte de palma,
pide vasos en su ventre
y granizo a sus espaldas.
Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.

Amnón, delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dentes
de flecha recién clavada.

Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana.
Amnón a las tres y media
se tendió sobre la pierna.

Toda la alcoba sufría
cono sobre los ojos llenos de alas.
La luz, maciza, sepulta
pueblos en la arena parda,
o descubre transitorio
coral de rosas y dalias.

Linfa de pozo oprimida
brota silencio en las jarras.
En el musgo de los troncos
la cobra tendida canta.

Amnón gime por la tela
fresquísima de la pierna.
Yedra del escalofrío
cubre su carne cremada.

Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.

Thamar, borrame los ojos
contigo fija matinada.
Mis hilos de sangre tejan
volantes sobre ti regazo.

Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.

Thamar, en tus pechos altos
hay dos piezas que me llaman,
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa cerrada.

Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Solo en cubos resistía
la delgadez de la parra.

Ya la coge del pelo,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.

¡Oh, qué gritos se oían
¡por encima de las casas!
¿Qué espesor de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas.

Alrededor de Thamar
gritan virgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.
Paños blancos enrojecen
en las alcovas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y piezas cambian.

Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras cortón
las cuerdas del arpa.

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