FRANZ JOSEPH HAYDN
Rohrau 1732 - Viena 1809

La Creación (Apertura) "La representación del caos"

(1798) – 5′


FERNANDO SOR
Barcelona 1778 - París 1839

Sinfonía n. 3 en Fa

(Ca. 1804) - 12 '

Largo
Allegro moderato


WOLFGANG AMADEUS MOZART
Salzburgo 1756 - Viena 1791

Concierto para clarinete y orquesta en La, KV 622

(1791)- 28′

Allegro
Adagio
Rondo: Allegro

Daniel Ottensamer, clarinete


Sinfonía n. 41 en Do, KV 551, "Júpiter"

(1788) – 26′

Allegro vivace
Andante cantabile
Menuetto: Allegretto
molto allegro

JONATHAN COHEN, DIRECCIÓN
DANIEL OTTENSAMER, CLARINETE
ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA Y NACIONAL DE CATALUÑA

 

PRIMEROS VIOLINES  Vlad Stanculeasa, concertino / María José Aznar / Walter Ebenberger / Ana Galán / Natalia Mediavilla / Pilar Pérez / Jordi Salicrú / Ariana Oroño * / Yulia Tsuranova * SEGUNDOS VIOLINES Alexandra Presaizen, solista / Emil Bolozan, asistente / Jana Brauninger / Claudia Farrés / Melita Murge / Josep Maria Plana / Antoni Peña VIOLAS Alejandro Regueira *, solista invitado / Josephine Fitzpatrick, asistente / Christine de Lacoste / David Derrico / Sophie Lasnet / Andreas Süssmayr VIOLONCHELOS Jose Mor, solista / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Carmen Enjamio * CONTRABAJOS Dmitri Smyshlyaev, asistente / Matthew Nelson / Albert Prat  FLAUTAS  Christian Farroni, asistente / Beatriz Cambrils OBOES Dolores Chiralt, asistente / Jose Juan Pardo  CLARINETES Larry Pasen, solista /  Alfons Reverté FAGOTS Guillermo Salcedo *,  solista invitado / Slawomir Krysmalski TROMPAS Juan Conrado García, asistente / Joan Aragón TROMPETAS Mireia Farrés, solista / Adrián Moscardó TROMBONES Eusebio Sáez / Vicente Pérez TIMBALAS Joan Marc Pino

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger  
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignacio Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández *

* colaborador

COMENTARIO

por Juan Lucas

Finis coronado opus

El oratorio La Creación es lo más parecido, en el siglo XVIII, lo que hoy llamaríamos un superventas musical. Sólo en Viena, donde se estrenó en 1798, la obra se interpretó en no menos de 50 ocasiones hasta la muerte de Haydn, en 1809, y siempre con el teatro lleno. "Quiero escribir una obra que proporcione fama eterna y universal a mi nombre", confesó el compositor, quien acababa de conseguir, en Inglaterra, gracias a la iniciativa del empresario sagaz Johann Peter Salomon, un éxito y una fama sin precedentes en Europa. Fue precisamente en Inglaterra donde Haydn conocer los grandes oratorios de Händel, en especial, el Mesías, Fuente de inspiración directa para su oratorio basado en el génesis. De los 34 números que integran La Creación, El más célebre es el primero, su preludio misterioso en do m, un movimiento lento en forma de sonata que describe el caos primigenio mediante el procedimiento sencillo -muy haydnià- de omitir las cadencias finales en cada frase. No fallaba. Cuando el bajo, el recitativo subsiguiente, proclamaba la creación de la luz en un Do radiante, el teatro se venía abajo.

A pesar de ser estrictamente contemporánea de la sinfonía "Heroica" de Beethoven, la Sinfonía n. 3 en Fa de Fernando Sor responde al patrón barroco y preclassicista de la sinfonía como equivalente a la apertura operística, es decir, un fragmento sinfónico breve que solía anticipar una obra dramático-. La pieza pertenece al periodo madrileño de Sor (1801-1813), previo a su exilio europeo definitivo, que hizo que se convirtiera en uno de los primeros músicos "cosmopolitas" de Europa. Su estructura es sencilla y familiar: una extensa introducción lenta en modo menor seguida de un allegro en Fa en forma sonata estricta (con un segundo tema en do m que confiere una dulzura especial a la sinfonía). Sin embargo, ya pesar de su escritura correcta, la obra no pasa de ser un ejemplo crepuscular de una música superada por la época. El interés musical de Sor se debe buscar, como es bien sabido, en su producción guitarrística, terreno en el que fue un auténtico innovador (de hecho, se le llegó a llamar, en una exageración basta -aunque y que típicamente, el Beethoven de la Guitarra).

El Concierto para clarinete K. 622 no es sólo la última obra instrumental que pudo completar en vida del autor de Don Giovanni, Sino que ocupa, por derecho propio, el primer lugar en el repertorio concertante para este instrumento. Compuesto unas semanas antes de morir, Mozart lo escribió para su amigo y hermano masón Anton Stadler, clarinetista reputado de quien también había surgido el encargo, dos años antes, del no menos fabuloso Quinteto para clarinete. Escrito originalmente para corno dibassetto (De registro más grave que el clarinete usual), el concierto desprende una luminosidad (derivada en gran parte de la elección de la tonalidad, la radiante La) muy difícil de encajar con las circunstancias oscuras que provocarían la muerte inmediata de su autor . El sonido orquestal es exuberante, sobre todo, en el primer movimiento, un diálogo fascinante entre el solista y el conjunto instrumental con pocos parches de acompañamiento orquestal rutinario. En su sencillez profunda y conmovedora, el segundo movimiento nos recuerda -por si no lo sabéssim- que estamos ante el Mozart que acababa de escribir La flauta mágica y muchos han querido detectar en sus pentagramas una especie de despedida melancólico del mundo.

Mozart compuso sus tres últimas sinfonías de un tirón en el verano de 1788, circunstancia que relaciona entre sí estas tres obras poderosas hasta el punto de que, en cierto modo, conforman una unidad sinfónica peculiar. Mozart ya había escrito anteriormente sinfonías conmovedoras y trascendentales, pero estas tres (a las que se podría añadir "Praga") no son sólo las mejores, sino, posiblemente, las primeras que se pueden calificar de históricas. La tercera de la serie, la robusta y portentosa Sinfonía en Do K. 551, supone el antecedente histórico más directo de la revolución sinfónica que llevaría a cabo Beethoven sólo tres lustros después, en especial, por su impresionante movimiento final, una extravagancia contrapuntística de primer orden y quizás el movimiento más inusual de toda la producción mozartiana. "Finis coronado opus", Había escrito Mozart 10 años antes para referirse al tercer y último acto de su ópera Idomeneo. En el caso de "Júpiter", el finale que introduce la técnica de la fuga en el corazón de la forma sonata, con una coda que combina magistralmente la doble fuga y el canon, no sólo culmina la producción sinfónica mozartiana, sino que terminó de apuntalar el prestigio de la sinfonía como género instrumental por excelencia.

Y una última curiosidad: el subtítulo "Júpiter" con que la sinfonía ha pasado a la historia se lo adjudicó el empresario Johann Peter Salomon, lo mismo que propició los dos viajes triunfales de Haydn en Inglaterra durante la década del 1790, de quien tenemos, precisamente, el oratorio de La Creación como uno de sus frutos principales (además de su última serie de sinfonías).

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