QUARTETTO MAURICE

FAUSTO ROMITELLI
(Gorizia, Italia 1963 – Milán 2004)

Natura morta con fiamme

(1991) – 9′

 

NÚRIA GIMÉNEZ COMAS
(Gerona 1980)

Von contrapunctus VI

(2018) – 4′

 

DANIEL APODAKA
(Vitoria 1990)

String Quartet I

(2022) – 20′ – Estrena mundial, encargo de L’Auditori y Barcelona Creació Sonora

 

GIACINTO SCELSI
(La Spezia, Italia 1905 – Roma 1988)

Cuarteto de cuerda n.º 4

(1964) – 12′

 

 

JACK QUARTET

JOHN LUTHER ADAMS
(Mississipi 1953)

The Wind in High Places

(2011) – 16′

 

ERIC WUBBELS
(Estados Unidos 1980)

Nueva obra

(2022) – Estrena nacional – 19′

 

JOAN ARNAU PÀMIES
(Reus 1988)

Cuarteto de cuerda n.º 3 “Forma infinita”

(2022) – Estrena mundial, encargo de L’Auditori – 15’

 

IANNIS XENAKIS
(Braila, Rumanía 1922 – París 2001)

Tetras

(1983) – 17′

QUARTETTO MAURICE

Georgia Privitera, violín
Laura Bertolino, violín
Francesco Vernero, viola
Aline Privitera, violonchelo

 

JACK QUARTET

Christopher Otto, violín
Austin Wulliman, violín
John Pickford, viola
Jay Campbel, violonchelo

COMENTARIO

por Ismael G. Cabral

Ocho impactos en forma de cuarteto

El ciclo Sampler Sèries, que en la temporada que ahora comienza propondrá intensas y variadas experiencias en torno a las más heterogéneas derivadas de la creación musical actual, parte, sin embargo, planteando la audición de nada menos que ocho cuartetos de cuerda. Una forma clásica con un peso determinante que ha seguido ocupando un interés central en la música de nuestro tiempo.

Escuchar la obra de Giacinto Scelsi supone, en buena medida, una escisión con la historia precedente. El italiano ejerció una radical fractura en la continuidad de las rupturas formales que las vanguardias estaban imponiendo. Su Cuarteto n.º 4 (1964) explora de forma obsesiva una nota, adoptando una forma de negrísimo crescendo. La sensación de vigencia de esta música es plena; Scelsi quiso y logró proyectarse al futuro.

Tras su escucha, Von contrapunctus VI (2018), de Núria Gímenez-Comas, adquiere la función de amable puente que desfigura en sus aspectos rítmicos y tímbricos el Contrapunctus 6 de El arte de la fuga de Bach. En 2019 Daniel Apodaka estrenó Isil, una ensimismada y levísima página para orquesta sinfónica y coro que mereció elogios por su radical apuesta. Cuánto trasvase habrá de aquel universo en su nueva obra para cuarteto de cuerdas es algo que descubriremos pronto. Este primer bloque se cerrará con Fausto Romitelli, autor de Natura morta con fiamme, partitura energética en la que la parte electrónica sume a las cuerdas en un frenesí humeante en donde trémolos y glissandis parecen dibujar un paisaje en llamas.

Muchos de los caminos estéticos del siglo XX confluyen en Iannis Xenakis, de quien oiremos su cuarteto Tetras (1983), fruto maduro de su catálogo. Con su maraña de texturas truncadas y ataques enfurecidos, la obra es todo un clásico de la literatura contemporánea que, pese a lo que se pudiera pensar, ofrece ya desde la primera inmersión que realicemos en ella más anclajes en la escucha de los que cabría esperar de una obra militante en las rupturas.

Novedad plena constituirá el Cuarteto n.º 3 “Forma infinita” de Joan Arnau Pàmies, donde ha sido tentado por la idea de acercarse a una música que “nunca termina” reubicando el clímax de la obra “fuera de lugar”, en el primer tercio de la pieza. La composición también fue abordada desde una autoimpuesta restricción; limitando la gama de herramientas de escritura empleadas. Especialistas (los Jack) en su música, The Wind in High Places (2011) es una característica creación de John Luther Adams, en la que los armónicos naturales ahondan en esa sensación paisajística tan propia de su obra.

El concierto se cierra con la novedad de phren (2022), de Eric Wubbels, cuyo título señala, en griego antiguo, al término mente. Cuestiones fisiológicas y psicológicas anidan en el sustrato compositivo de este recién nacido cuarteto.

 
NOTAS DE JOAN ARNAU PÀMIES, COMPOSITOR

El Cuarteto de cuerda n. 3, Forma infinita, es mi tercera aventura en este género. Esta pieza supone un retorno a medios de expresión más familiares, ya que la partitura utiliza una notación convencional en su totalidad. En este trabajo he dejado atrás las investigaciones temporales paramétricas y el uso de múltiples capas de mi segundo cuarteto. En consecuencia, he buscado generar y manipular material según perspectivas un poco más tradicionales de la armonía, el contrapunto y la forma.

Detrás de este enfoque hay un intento deliberado de limitar la gama de herramientas compositivas utilizadas. Eso es, parcialmente, una respuesta a obras contemporáneas para instrumentos acústicos, incluidas piezas anteriores propias, que se basan no solo en configuraciones elaboradas y a menudo complicadas, sino también en elementos no musicales como el teatro y el vídeo. Los retos que aparecieron durante el proceso de escritura de esta pieza serían fundamentalmente musicales y, por lo tanto, requirieron soluciones de la misma naturaleza.

Una de las dificultades principales que tuve en conceptualizar Forma infinita surgió de mi propia percepción de estructuras idealizadas. Por ejemplo, me preocupó seriamente la duración, sobre todo con respecto a la longitud adecuada de una sección determinada. Otra cuestión surgió en relación con el concepto de “clímax estructural”; es decir, un dispositivo útil, a pesar de que estereotípico, que quería reevaluar, ya que a menudo provoca experiencias auditivas muy lineales. Siguiendo estas y otras consideraciones, dividí el cuarteto en seis áreas temáticas, cuya longitud es desproporcionada con respecto a la evolución prevista de los materiales que contienen. El objetivo de esta desconexión era situarme en la posición incómoda pero necesariamente creativa de tener que añadir, eliminar o modificar determinados materiales basándome en limitaciones externas autoimpuestas. Además, situé el clímax en el primer tercio de la pieza (es decir, al final de la segunda sección). Eso me permitió replantear tanto el significado como el propósito del resto de secciones, que funcionan prácticamente como una única y larga conclusión.

El título Forma infinita transmite dos interpretaciones posibles. En primer lugar, sugiere una visión optimista de la posibilidad de experiencias estéticas nuevas únicamente dentro del ámbito musical. En segundo lugar, tiene relación con la situación entre el clímax “fuera de lugar” y la conclusión prematura, una metáfora de música que no acaba nunca.

El Cuarteto de cuerda n. 3, Forma infinita, es un encargo de El Auditori de Barcelona para la Bienal de Cuartetos de 2022. La obra está dedicada a mis profesores de composición, Chris, Hans y Jay.

 

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