EDVARD GRIEG
(Bergen, Noruega 1843 – 1907)

Suite lírica, op. 54

(1891) – 15′

El joven pastor
Marcha noruega
Nocturno
Marcha de los enanos

 

Concierto para piano y orquesta en la m, op. 16

(1868) – 30′

Allegro molto moderato
Adagio
Allegro moderato molto e marcato

Marie Ange Nguci, piano

 

PAUSA 20'

 

Peer Gynt

 
Preludio

(1875) 1.ª audición - 6′

 
Suite n.º 2, op. 55

16′

El rapto de la novia. El lamento de Ingrid
Danza arábiga
El retorno de Peer Gynt
La canción de Solveig

Suite n.º 1, op. 46

13′

La mañana
La muerte de Åase
La danza de Anitra
En la gruta del rey y sus troles

Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña
Tabita Berglund, dirección
Marie-Ange Nguci, piano

 

PRIMEROS VIOLINES  Gergana Gergova*, concertino invitada / Jaha Lee, concertino asociada / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Ana Galán / Natalia Mediavilla / Katia Novell / Pilar Pérez / Anca Ratiu / Jordi Salicrú / Paula Banciu* / Arina Oroño* / Yulia Tsuranova* / Elitsa Yancheva*  SEGUNDOS VIOLINES Alexandra Presaizen, solista / Emil Bolozan, asistente / María José Balaguer / Patricia Bronisz / Claudia Farrés / Mireia Llorens / Melita Murgea / Antoni Peña / Robert Tomàs / Diedrie Mano* / Oleksandr Sora* / Marina Surnacheva*  VIOLAS Benjamin Beck*, solista invitado / Franck Heudiard / Sophie Lasnet / Michel Millet / Jennifer Stahl / Andreas Süssmayr / Irene Argüello* / Javier López* / Johan Rondón*  VIOLONCHELOS  Anthony Rymer*, solista invitado / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Jean Baptiste Texier / Jordi Claret / Jonathan Cottle* / Carmen Enjamio*  CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Jonathan Camps / Apóstol Kosev / Matthew Nelson / Josep Mensa / Albert Prat  FLAUTAS Fransciso López, solista / Beatriz Cambrils / Ricardo Borrull, flautín  OBOES Dolores Chiralt, asistente / José Juan Pardo  CLARINETES Josep Fuster, asistente / Francisco Navarro  FAGOTS Thomas Greaves, asistente / Slawomir Krysmalski, contrafagot  TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Juan Aragón / David Bonet / Emilio José Clemente* / Juan Conrado García, asistente  TROMPETAS Mireia Farrés, solista / Adrián Moscardón*  TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Vicente Pérez / Gaspar Montesinos, asistente / Juan Luis Bori*, trombón bajo  TUBA Daniel Martínez *  TIMBALAS Marc Pino  PERCUSIÓN Juan Francisco Ruiz / Ignacio Bori* / Juan Lombarte* / Miguel Angel Martínez* / Manuel Roda*  ARPA Magdalena Barrera, solista

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger  
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignacio Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández *

* Colaborador

COMENTARIO

por Eva Sandoval

Identidad

El prestigioso profesor del Conservatorio de Leipzig Salomon Jadassohn, en su última conversación con Edvard Grieg (1843-1907), ponía en tela de juicio el rasgo más característico del autor noruego: esa cualidad nórdica de su lenguaje que le ha generado una enorme popularidad en todo el mundo. “Amas tanto a tu tierra que ese amor se desborda en tus obras […] La música es un arte demasiado elevado para poder encerrarla en las estrechas fronteras de tu patria noruega. Tú eres tu propio prisionero, Edvard”, cuestionó Jadassohn en 1901. Fue su compatriota, el virtuoso violinista Ole Bull, quien despertó en el autor la necesidad de crear una auténtica atmósfera noruega en sus partituras. En una carta a su biógrafo Henry Theophilus Finck, Grieg escribió: “La característica esencial de las canciones populares noruegas, en comparación con las alemanas, es una profunda melancolía que de repente puede convertirse en un humor desinhibido y salvaje. Oscuridad misteriosa y locura desenfrenada: estos son los dos polos de la tonada folklórica noruega”. Gracias a Bull, el compositor aprendió a apreciar la belleza del acervo tradicional de su país: “Me di cuenta de que el murmullo de la naturaleza y el aroma de los bosques de abeto rojo noruegos se debían oír en todas las salas de conciertos del mundo”. Y lo logró.

Entre 1889 y 1891, Grieg concibió bajo esa inspiración identitaria las seis páginas que componen el quinto y más logrado de sus diez libros de Piezas líricas para piano. En 1894, el director de orquesta Anton Seidl orquestó cuatro de ellas. Pero en 1905, siete años después de la muerte de Seidl, Grieg revisó el arreglo del húngaro, versionó él mismo otra de las Piezas líricas del quinto libro, “El joven pastor”, y eliminó el “Tañido de campana” de Seidl. Así nació la Suite lírica, op. 54. La naturaleza poética y extremadamente expresiva del conjunto la apreciamos ya en la primera pieza, “El joven pastor”, para cuerdas y arpa. La melodía se ve arropada por armonías fantasiosas y dolientes que conducen el discurso hacia un clímax dramático. La “Marcha noruega” se basa en el “gangar”, una suerte de “danza caminada” pesante cuya esencia se capta en este “Allegretto marcato” en 6/8. En “Nocturno” se instaura una atmósfera entre erótica y mística cuyo lirismo aparece trufado por imitaciones de cantos de aves en la sección de viento madera. La burlesca “Marcha de los enanos” rubrica la suite con un final brillante: el agresivo trote del tutti da paso a un melancólico pasaje central que podría simbolizar el anhelo de una princesa cautiva por los troles, imagen habitual de la narrativa popular noruega.

Grieg tuvo la oportunidad de escuchar a Clara Schumann interpretar en vivo el Concierto en la menor, op. 54 de su marido Robert en una velada que recordaría como una experiencia muy emocionante. Cuando escribió su propio Concierto para piano en la menor, op. 16 en 1868, con 25 años, la partitura de Schumann dejó su impronta en la de Grieg, escrita en la misma tonalidad. Ambas comienzan con un ataque agresivo de la orquesta seguido de un gesto cadencial y vertiginoso del piano que dará lugar a la exposición del tema principal con la dulzura de los instrumentos de viento madera. En el caso de Grieg, esa deslumbrante apertura pianística que sigue al redoble de timbal se construye en base a lo que se ha dado en denominar “sello melódico” del compositor: una secuencia de tres notas descendiendo de la tónica a la dominante pasando por la sensible (La – Sol# – Mi), giro muy presente en la música tradicional noruega. Al inicio del breve “Adagio”, Grieg incide en la cualidad melódica de violonchelos y vientos madera hasta que el piano desarrolla una ornamentada y soñadora melodía en primer plano. Con un carácter animado y bailable irrumpe el “Allegro moderato e marcato” final, que recrea claramente los ritmos y las sonoridades de una danza popular.

El protagonista de la pieza en verso, Peer Gynt (1867), de Henrik Ibsen, es el ejemplo paradigmático de antihéroe: un campesino adolescente egocéntrico e insolente que se empeña en perseguir sus deseos. Para el estreno de la adaptación teatral de la obra en 1876, Grieg creó una fenomenal música incidental que ilustraba las peripecias y viajes de Peer. Años más tarde publicaría dos suites de esa partitura. El radiante Preludio en el Auto 1, op. 23, de perfil claramente folclórico, nos sitúa en una escena nupcial campestre. La novia, Íngrid, es la hija de un rico granjero con el que Peer huye a las montañas. La Suite n. 1, op. 46 (1888) se abre con “Por la mañana”, con un diálogo inicial inspirado entre flauta y oboe que retrata el amanecer en el desierto del norte de África. “Me imagino que el sol atraviesa las nubes en la primera forte”, escribió Grieg. “La muerte de Aase” es una elegía amarga y desoladora de las cuerdas dedicada a la madre del protagonista. La hija de un jeque que aloja a Peer en su séquito pensando que es un profeta la embelesa con “La danza de Anitra”. La delicadeza de esta sección se acentúa con los pizzicatti de las cuerdas y la presencia constante del triángulo. "En la cueva del rey de la montaña" refleja el intento de Peer de escaparse de un rey y sus troles. El famosísimo tema en corcheas que se repite sin cesar sirve a Grieg para crear una persecución convincente en un ejercicio sublime de economía de medios, orquestación y dinámica. La Suite n. 2, op. 55 (1892) se abre con un grito furioso y desesperado del tutti, seguido por un lamento sombrío que da forma a “El secuestro de la novia”, que no es otra que Íngrid abandonada por Peer. En la “Danza árabe”, vigorosa y colorista, brillan los instrumentos de percusión y de viento. “El regreso de Peer Gynt” describe el tormentoso viaje en barco de regreso del antihéroe a Noruega. Cierra la segunda suite “La canción de Solveig”, una melodía bellísima que cantan los violines primeros sobre un lecho de arpa y cuerdas.

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