SOFIA GUBAIDULINA
(Čistopol’, Rusia 1931)

Concierto para viola y orquesta

(1996) – 1.ª audición – 35′

Lawrence Power, viola

 

PAUSA 20'

 

PABLO CARRASCOSA LLOPIS
(Valencia 1979)

XY  

(2019) – Estreno mundial – 12′

Obra encargo de la Fundación SGAE y AEOS

 

ALEJANDER SCRIABIN
(Moscú 1872 -1915)

Simfonia n.º 4, op. 54, “El Poema del éxtasis”

(1905-1908) – 22′

ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA Y NACIONAL DE CATALUÑA
ILAN VOLKOV, DIRECCIÓN
LAWRENCE POWER, VIOLA

 

PRIMEROS VIOLINES  Liviu Morna*, concertino invitado / Raúl García, asistente de concertino / Ana Galán / Natalia Mediavilla / Katia Novell / Pilar Pérez / Jordi Salicrú / Andrea Duca* / Daniel Gil* / Gabriel Graells* / Diedrie Mano* / Sei Morishima* / Ariana Oroño* / Yulia Tsuranova* / Anna Urpina* SEGUNDOS VIOLINES Emil Bolozan, asistente / Nina Heidenreich*, asistente invitada / Claudia Farrés / Mireia Llorens / Melita Murgea/ Josep Maria Plana / Robert Tomàs / Paula Bancivo* / José Eduardo Canto*/ Asia Jiménez* / Alzy Kim* / Francesc Puche* / Marina Surnacheva* / Elitsa Yancheva* VIOLAS Aine Suzuki, solista / David Derrico / Christine de Lacoste / Sophie Lasnet / Miquel Serrahima / Jennifer Stahl / Andreas Süssmayr / Irene Argüello* / Sandra García* / Albert Romero* VIOLONCHELOS  Jose Mor, solista / Guillaume Terrail*, asistente / Lourdes Duñó / Marc Galobardes / Jean Baptiste Texier / Jordi Claret* / Jonathan Cottle* / Inés Sanz de Bermond* CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Dmitri Smyshlyaev, asistente / Jonathan Camps / Apostol Kosev / Matthew Nelson / Salvador Morera* FLAUTAS  Francisco López, solista / Oihana Giménez* / Christian Farroni, asistente / Ricardo Borrull, flautín/ Beatriz Cambrils, flauta baja OBOES   Disa English, solista / José Juan Pardo / Dolores Chiralt, asistente / Molly Judson, corno inglés CLARINETES Josep Fuster, asistente / Francisco Navarro / José Vicente Alcívar*, asistente / Lluís Casanova*, clarinete bajo FAGOTS Silvia Coricelli, solista / Noé Cantú / Thomas Greaves, asistente / Slawomir Krysmalski, contrafagot TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Joan Aragón / Juan Conrado García, asistente / Paula Criado* / Alma García* / André Filipe Martins* / Elías Moncholí* / Victor Talayero* TROMPETAS Mireia Farrés, solista / Adrián Moscardó / Angel Serrano, asistente / Christian Ibáñez* / Andreu Moros* TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Antoni Duran* / Alejandro Cantos*, asistente invitado /  Juan Luis Bori*, trombón bajo TUBA Daniel Martínez * TIMBALAS Marc Pino, asistente PERCUSIÓN Juan Francisco Ruiz / Ignacio Villa / José Luis Carreras* / Juan Antonio Martín* / Miquel Angel Martínez* / Manuel Roda* ARPA Magdalena Barrera, solista / Esther Piñol* CELESTA Jordi Torrent* ORGUE Joan Seguí*

ENCARGADO DE ORQUESTA Miquel Serrahima  
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignacio Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández *

* Colaborador

COMENTARIO

por Jordi Alomar

Sofia Gubaidulina es uno de los nombres más destacados de la música rusa de la segunda mitad del siglo XX. El trasfondo profundamente filosófico, espiritual, religioso y poético de su música caracteriza toda la producción de esta compositora. De hecho, Gubaidulina cree firmemente en la finalidad común de la religión y de la música, a partir de una función compartida que se explicita con la etimología del primer término: «Restaurar el vínculo de la vida, re-ligio. No hay ninguna otra razón más seria para componer que la renovación espiritual». Aunque sus obras tienden a requerir grandes efectivos instrumentales, los materiales y medios con los que configura su universo musical son mínimos y se caracterizan por una austeridad sutil y concisa. La concepción musical de la autora queda al margen de cualquier categorización clasificatoria y se enmarca, desde obras como Pyat’ ėtyudov (Cinco estudios), de 1965, en una visión muy personal del hecho musical, en la encrucijada entre el simbolismo de la liturgia y el concierto.

El entroncamiento de la huella del folclore tártaro con la tradición clásica rusa y centroeuropea resulta en una estética de síntesis, que abraza continuamente conceptos o dimensiones aparentemente opuestos en un juego de equilibrios, espejos y refracciones. Obras como Vivente – Non vivente, de 1975, o Hell und dunkel (Luz y oscuridad), de 1976, inician este camino de polaridades que se repelen y se atraen —dentro de unos campos de acción regidos siempre por sus propias coordenadas— que se ha acabado convirtiendo en un rasgo inconfundible de la música de Gubaidulina. La arquitectura de contrastes entre sonido y silencio (un silencio nunca gratuito, siempre rebosante de significado) es, igualmente, uno de los puntales de su producción.

El Concierto para viola y orquesta está dedicado a Iuri Baixmet, no solo como destinatario de la obra, sino también como inspirador de una relación entre instrumento e intérprete que trasciende la simple ejecución y abraza el misticismo. La calidad tímbrica particular de la viola, con su registro aterciopelado, ha sido una fuente permanente de fascinación para la compositora. Fruto de esta fascinación, el concierto de Gubaidulina propone confrontar al solista con dos planos sonoros distintos y complementarios: una dimensión brillante, luminosa, encarnada por la orquesta, y una zona de penumbra, formada por un cuarteto de cuerda solista afinado a distancia de un cuarto de tono por debajo en relación con el grupo orquestal y que genera una aureola tímbrica particular.

Los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial testimoniaron uno de los momentos álgidos de la producción cultural moderna. Junto con obras como Le Sacre du printemps (La consagración de la primavera), de Igor Stravinsky; las Gurrelieder (Canciones de Gurre), de Arnold Schönberg, o las sinfonías de Gustav Mahler, Le poème de l’extase (El poema del éxtasis), de Alexandr Scriabin, es una piedra angular de la transformación musical radical acaecida durante las primeras décadas del siglo pasado. La música de Scriabin bebe de una concepción mística y teosófica del hecho musical, íntimamente ligada a una correlación entre espacio sonoro, luz y color. Si bien es en la música para piano donde el autor alcanza los niveles más altos de abstracción y expresión, las cinco obras sinfónicas que completan su catálogo son monumentos fundacionales del lenguaje sinfónico moderno. Para el autor, la producción musical es una vía de acceso a la divinidad, un rayo de fuerza y luz en el que las fronteras entre religiosidad, tránsito y erotismo se disuelven para alcanzar la plena trascendencia.

El poema del éxtasis es un canto de alabanza a la acción y la energía liberadas, al cosmos, al espíritu y a la creación eterna, a la conciencia y al tiempo extático. Scriabin concibió la obra originariamente como una sinfonía —de hecho, como la cuarta de su catálogo—, pero finalmente optó por darle forma de poema sinfónico, a partir de un texto escrito por el mismo autor. Aunque la obra se interpreta sin solución de continuidad, el programa implícito de la obra, según Modest Altschuler, director que ayudó al compositor a efectuar una revisión de la partitura antes de su estreno en 1908, se articula en tres secciones: “Su alma en la orgía del amor”, “La realización de un sueño fantástico” y “La gloria de su arte”.

XY, de Pablo Carrascosa Llopis, es un encargo de L’Auditori en el marco de su estancia como compositor invitado durante la temporada 2019-2020, y no se pudo estrenar a causa de la pandemia. La abstracción y el peso de la idea son los elementos fundamentales de la música de Carrascosa, desde una perspectiva arquitectónica. La tensión entre la música académica y la popular —en particular, el metal extremo y la electrónica de baile— es también un elemento muy característico de su estética sonora.

En palabras del autor: «XY es, en cierta manera, un homenaje a Anton Webern. La obra está formada, en gran parte, por citas breves de algunas de sus obras (los opus 5, 6 y 30, concretamente) en forma de bucles que componen el entramado armónico de la pieza. Sobre este entramado, y en forma de capas, se superponen dos estratos cíclicos esencialmente rítmicos, con influencias de la música carnática de la India y el metal extremo de grupos como Meshuggah. Dentro de esta mezcla de capas, y dentro de la idea de cita, el autor ha incorporado una autorreferencia, extraída de una de sus obras más recientes, L5DD, para clarinete, percusión, piano, violín, violonchelo y electrónica. El resultado es una música muy autorreferencial y, por lo tanto, abstracta (aunque el paisaje sonoro resultante es, ciertamente, evocativo), en la que la idea de drone está muy presente».

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