FRANZ SCHUBERT
(Viena 1797 – 1828)


Sinfonía n.º 8 en Si menor, D. 759 “Inacabada”

(1822)

I. Allegro moderato
II. Andante con moto

 

PAUSA 20 '

 

Sinfonía n.º 9 en Do mayor, D. 944 “La Grande”

(1825-1828)

I. Andante — Allegro ma non troppo — Più mosso
II. Andante con moto
III. Scherzo: Allegro vivace — Trio – Scherzo da capo
IV. Allegro vivace

 

La duración aproximada del concierto es de 25' para la primera parte y 60' para la segunda

Le Concert des Nations
JORDI SAVALL, DIRECCIÓN
 
LINA TUR BONET, CONCERTINO

 

FLAUTAS TRAVESERAS Marc Hantaï / Yi-Fen Chen  OBOES Paolo Grazzi / Gioacchino Comparetto  CLARINETES Francesco Spendolini / Joan Calabuig  FAGOTES Joaquim Guerra / Carles Vallès  TROMPAS Thomas Müller / Javier Bonet / Mario Ortega / Lars Bausch  TROMPETAS Jonathan Pia / René Maze  TROMBONES Elies Hernandis (alto) / Frédéric Lucchi (tenor) / Adrien Muller (bajo)  TIMBALES Riccardo Balbinutti

VIOLINES PRIMEROS Guadalupe Del Moral / Elisabet Bataller / Ignacio Ramal / Ricart Renart / Miren Zeberio / Sara Balasch / Noyuri Hazama / Andrej Kapor  SEGUNDOS VIOLINES Mauro Lopes,  jefe de segundos violines / Santi Aubert / Juliano Buosi / Maria Roca / Paula Waisman / Angelika Wirth / Karolina Habalo / César Sánchez  VIOLAS David Glidden, jefe de violas / Éva Posvanecz / Alaia Ferran / Fumiko Morie / Núria Pujolràs / Iván Sáez  VIOLONCHELOS Balázs Máté, jefe de violonchelos / Antoine Ladrette / Dénes Karasszon / Matylda Adamus / Sophie Lamberbourg  CONTRABAJOS Xavier Puertas, jefe de contrabajos / Michele Zeoli / Peter Ferretti / Alberto Jara

 

LUCA GUGLIELMI, ASISTENTE DE DIRECCIÓN

COMENTARIO

por Stefano Russomanno

 

La forma musical y su acabado

En octubre de 1822, Franz Schubert empieza a escribir una nueva sinfonía. Lleva completados los dos primeros movimientos y esbozados 128 compases del tercero cuando su mano se detiene. Se han formulado muchas hipótesis sobre las razones por las que el compositor no siguió adelante; lo único cierto es que el compositor envió los dos movimientos terminados a su amigo Anselm Hüttenbrenner en Graz, probablemente como agradecimiento a la local Sociedad de Música por haberle nombrado miembro honorario. Esta decisión puede interpretarse como una señal de que Schubert quizá diera por terminada la obra. El manuscrito permaneció en Graz durante más de cuarenta años hasta que el director Johann von Herbeck supo de su existencia y estrenó la sinfonía en Viena en 1865.

¿Qué es lo “acabado”? Podríamos definirlo como algo que se sustenta por sí solo, cuyas partes dialogan entre sí para crear una sensación de globalidad independiente y autónoma. Un todo. De acuerdo al esquema tradicional, la Octava de Schubert carece de los dos últimos movimientos, ha quedado incompleta. Sin embargo, cuando la escuchamos no echamos en falta nada más. Sus dos movimientos conforman un binomio perfectamente equilibrado y en cierto modo simétrico. El que la sinfonía no termine en la misma tonalidad del comienzo otorga, si acaso al díptico, un sentido de apertura hacia el infinito.

Sobre el Allegro moderato, en si menor, planea la sombra de la frase inicial, entonada en pianissimo por violonchelos y contrabajos. Estos ocho compases poseen la ambigüedad de ciertos comienzos beethovenianos. Ni verdadera introducción ni verdadera exposición temática constituyen una especie de germen oscuro que no deja de actuar por detrás del esquema formal basado en la oposición de dos temas: el primero, desconsolado, corre a cargo de oboe y clarinete juntos; el segundo, confiado a los violonchelos y seguidamente a los violines, está en sol mayor y desprende un tono caluroso, aunque matizado por la inquietud de su acompañamiento en contratiempo. El Andante con moto, en mi mayor, acude de nuevo al ritmo ternario y al contraste temático del Allegro moderato hasta el punto de configurarse como un reflejo inverso del primer movimiento, pero transfigurado en un clima de lirismo más dilatado.

“Transfiguración” es también el término utilizado por Jordi Savall para definir uno de los rasgos principales de la música de Schubert, es decir: la capacidad para convertir el dolor en alimento de un arte superior. Los instrumentos de la época y el acercamiento filológico están puestos aquí al servicio de una visión aligerada del peso de cierta tradición interpretativa en materia de timbres, dinámicas y volúmenes sonoros.

También el estreno de la Sinfonía n.º 9 tuvo lugar tras la muerte de Schubert. Schumann la descubrió en 1838 y Mendelssohn la dirigió por primera vez en Leipzig al año siguiente. La sinfonía recibió el apodo de “La Grande” tanto por sus majestuosas dimensiones formales como por su enorme trascendencia en la evolución del género, al constituir un puente entre el legado de Beethoven y las futuras experiencias de Bruckner. Aunque la partitura autógrafa lleva la fecha de marzo de 1828, los musicólogos se inclinan por pensar que Schubert empezó su composición en Gastein en verano de 1825 y la presentó en octubre de 1826 a la Gesellschaft der Musikfreunde sin conseguir su estreno.

El primer movimiento viene precedido por una introducción lenta (Andante), que desarrolla un tema expuesto en los compases iniciales por las trompas al unísono. La amplitud de esta sección disimula y suaviza la entrada del Allegro ma non troppo, cuya dilatación formal es el producto de un nuevo tipo de enfoque, que tiende a suavizar las tensiones entre temas y otorga a los colores armónicos una revolucionaria función como vectores del discurso a través de modulaciones a veces sorprendentes. Más que como terreno de un conflicto, Schubert concibe la forma musical como una especie de viaje errático, marcado por el estupor que suscita la aparición de paisajes siempre nuevos.

La melodía principal del Andante con moto, expuesta por el oboe solo, posee un tono nostálgico, aunque de sus ritmos de puntillo se origina pronto un tema más vigoroso, en cuyos ecos de marcha puede verse una clara anticipación de Mahler. Todo el movimiento se mueve en una continua alternancia de momentos líricos y dramáticos, que solo en los compases conclusivos parece cobrar por fin una apariencia apacible.

El Scherzo sorprende por su densidad con una riqueza temática que iguala a la de una forma sonata. Aún más impresionante resulta, sin embargo, el Allegro vivace final por su extensión: sus 1.154 compases suponen un derroche de ideas difícil de resumir en pocas líneas. Schubert juega la carta de la majestuosidad, con resultados que en algunos momentos evocan los finales de la Júpiter mozartiana y de la Novena de Beethoven. También por esta razón, La Grande constituye algo único en la producción del compositor austríaco.

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