JOHN ADAMS
(Worcester, Massachusetts, Estados Unidos 1947)

Absolut jest

Para cuarteto de cuerda y orquesta

(2012) – 25′

Cuarteto Casals

 

Ludvig VAN BEETHOVEN
(Bonn 1770 - Viena 1827)

Cuarteto de cuerda En Fa MAYOR n. 16, op. 135

(1827) – 7′

Vivace

Cuarteto Casals

 

PAUSA 20 '


JEAN SIBELIUS
(Hämeenlinna, Finlandia 1865 - Järvenpää, Finlandia 1957)

Sinfonía n. 5, op. 82

(1915) – 31′

Tempo molto moderato - Allegro moderato - Presto
Andante mozo, casi allegretto
Allegro molto - Misterioso - Un Pochettino largamente

ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA Y NACIONAL DE CATALUÑA
CUARTETO CASALS: Vera Martínez-Mehner, violín | Abel Tomás, violín | Jonathan Brown, viola | Arnau Tomás, violonchelo
NUNO COELHO, DIRECCIÓN

 

PRIMEROS VIOLINES  Birgit Kolar *, concertino invitada / Raúl García, asistente de concertino / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Ana Galán / Natalia Mediavilla / Katia Novell / Anca Ratiu / Jordi Salicrú / Diédrie Mano * / Ariana Oroño * Yulia Tsuranova *  SEGUNDOS VIOLINES Emil Bolozan, asistente / María José Balaguer / Jana Brauninger / Patricia Bronisz / Claudia Farrés / Mireia Llorens / Melita Murge / Antoni Peña / Josep Maria Plana / Robert Tomás VIOLAS Yuval Gotlibovich *, solista invitado / David Derrico / Christine de Lacoste / Franck Heudiard / Sophie Lasnet / Michel Millet / Miquel Serrahima / Jennifer Stahl  VIOLONCHELOS Jose Mor, solista / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Jean Baptiste Texier / Carmen Enjamio *  CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Dmitri Smyshlyaev, asistente / Jonathan Campos / Matthew Nelson FLAUTAS  Christian Farroni, asistente / Beatriz Cambrils / Ricardo Borull, piccolo  OBOES Disa English, solista / José Juan Pardo / Pau Roca *, corno inglés  CLARINETES Ángel Belda *, solista / Francisco Navarro / Robindro Nikolic *, clarinete bajo  FAGOTES Ignacio Soler *, solista invitado / Noé Cantú / Slawomir Krysmalski, contrafagot  TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Joan Aragón / Juan Conrado García, asistente / Emilio Clemente * / Jose Chanzá *  TROMPETAS Angel Serrano, asistente / Adrián Moscardó / Andreu Moros *  TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Vicente Pérez / Gaspar Montesinos, asistente / Raúl García, trombón bajo  TIMBALES Marc Pino  PERCUSIÓN Juan Francisco Ruiz / Ignasi Vila  ARPA Magdalena Barrera, solista  CELESTA Gregori Ferrer *  PIANO Daniel Espasa *

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger  
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignacio Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández *

COMENTARIO

por Juan Lucas

A diferencia de otros autores inscritos en la corriente del minimalismo norteamericano, como Steve Reich o Philip Glass, la obra de John Adams destaca por la importancia que en ella ocupa el canon clásico, o la gran tradición. Pensemos, por ejemplo, en la imponente Harmonielehre, que supone una fusión del lenguaje armónico de Mahler, Wagner, Bruckner o Sibelius con las estructuras repetitivas del minimalismo. Otro tanto puede decirse del gran movimiento sinfónico titulado Absolute Jest (Broma total), salvo que en esta ocasión la obra está construida sobre fragmentos de algunos cuartetos de Beethoven. No obstante, y según confesión del propio Adams, la idea original surgió a partir de la escucha del ballet Pulcinella de Stravinsky, que recicla fragmentos de piezas escritas por algunos autores del barroco napolitano, entre ellos Pergolesi. Se trataba, en definitiva, de incorporar el lenguaje de otro compositor para modelar un nuevo y original lenguaje musical.

La elección de Beethoven como punto de partida para la elaboración de Absolute Jest se antoja evidente. En cierto sentido, puede verse en Beethoven el fundador avant la lettre del minimalismo musical. Gran parte de la música de Beethoven se basa en la repetición de células rítmicas —el ejemplo más preclaro sería, cómo no, el ta-ta-ta-taaan de la Quinta sinfonía— elaboradas de forma obsesiva hasta construir un gran edificio musical. La gran novedad que aporta Absolute Jest es la incorporación de un cuarteto de cuerda a modo de instrumento solista, de forma que la obra puede verse, en cierto sentido, como un concierto para cuarteto y orquesta, en el que las diáfanas texturas de los cuatro arcos se contraponen de forma fascinante con el magma sinfónico, cuya superficie tímbrica es obviamente menos precisa. La dificultad técnica y estética que planteaba para Adams semejante reto creativo se tradujo en la profunda revisión a la que el autor sometió la obra tras su estreno en marzo de 2012 por la Orquesta Sinfónica de San Francisco, bajo la dirección de Michael Tilson Thomas. Insatisfecho con el resultado, Adams cambió radicalmente el comienzo de la pieza, añadiendo 400 compases de material completamente nuevo. El estreno de la versión definitiva se produjo en diciembre de ese mismo año en Miami, en esta ocasión por la New World Symphony Orchestra bajo la dirección del propio Adams. En ambos casos, el cuarteto solista fue el St. Lawrence String Quartet.

También en el caso de la quinta sinfonía de Jean Sibelius nos encontramos ante una obra sometida a dos profundas revisiones por parte de su creador, hasta el estreno de la versión definitiva en 1919. Sibelius presentó la primera versión de la obra en 1915, el año del su cincuenta aniversario, en una época en que los embates del modernismo musical, liderado por las figuras de Schönberg y Stravinsky, hacían tambalear todas las estructuras tradicionales, de las que Sibelius se sentía legítimo heredero. A pesar de que hacía casi veinte años que estaba en primera línea de la actualidad musical, Sibelius se enfrentó, por primera vez en su carrera, con críticas negativas a raíz del estreno de su cuarta sinfonía en 1911 y, como ha escrito James Hepokoski, "comenzaba a sentir su eclipse como modernista contendiente".

Los historiadores han trazado habitualmente una línea entre la cuarta, Austera y disonante, y la quinta, Aparentemente más accesible. Sin embargo, la primera versión de esta última, aunque conservaba muchos rasgos del estilo orquestal practicado hasta entonces por Sibelius, mostraba ciertas familiaridades con la cuarta, Más modernista, que incluía algunos pasajes bitonales. La versión definitiva es más directa, concentrada (los cuatro movimientos de la primera versión se redujeron a tres), monumental y clásica. En palabras del director de orquesta finlandés y gran especialista en Sibelius, Hannu Lintu, con la quinta sinfonía Sibelius tomó la decisión de mantenerse dentro del marco del lenguaje armónico del romanticismo finisecular. Sus innovaciones se concentrarían en los ámbitos de la macroestructura y de los colores instrumentales. Sibelius comentó sobre su revisión: "He querido dar otra forma a mi sinfonía, más humana, más realista, más viva".

Con el tiempo, la quinta ha desplazado en popularidad cualquiera de las otras sinfonías del autor finlandés, incluida la romántica y celebérrima segunda. No es extraño. "Con su impactante finale y sus proporciones heroicas ", escribió Constant Lambert en 1932," la quinta es la sinfonía de Sibelius más obviamente grande ". La forma de la sinfonía es simétrica en cuanto al tempo: El primer movimiento comienza lento, pero termina con un rápido scherzo. El segundo movimiento no es ni lento ni rápido, sino que constituye un tranquilo intermezzo. Por fin, el tercer movimiento comienza rápido, pero termina lento. Hepokoski afirma que la pieza sólo se puede analizar en términos de lo que ha llamado forma rotacional. Durante su composición, Sibelius escribió sobre la sinfonía en su diario: "Es como si Dios Todopoderoso hubiera lanzado por tierra las piezas de un mosaico y me pidiera que averiguara cuál era el patrón original". La posteridad ha sancionado su hallazgo; su quinta sinfonía se ha convertido en una de las composiciones sinfónicas más queridas y demandadas por el público. Y con plena justicia.

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